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“Son una potencia en el manejo de tecnología, sí, pero esta transformación a la educación virtual no sólo depende de que tan bueno seas en ese ámbito, sino también de las cualidades y valores que nos identifican como seres humanos.” M. Plúa 

Muchos sabemos que la generación Z o centennials (nacidos desde 1995 hasta mediados del 2000) son considerados como los “nativos digitales” básicamente por haber nacido en una época donde la tecnología y el uso del internet eran y son parte del día a día. Con esto es fácil observar que  ellos no conciban un mundo sin ella.  

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Desde esta perspectiva y debido a la pandemia muchas actividades que usualmente hacíamos física o personalmente de manera “tradicional”, tuvieron ahora que transformarse en procesos virtuales. De pronto las reuniones de trabajo, negocios e incluso de amigos se realizaban por plataformas como Zoom, Whatsapp, Facebook, etc. No siendo lo  único que se adaptó a esta nueva normalidad, las clases de nuestros hijos  también, con esto causa curiosidad el impacto que generaría en los estudiantes de secundaria, los cuales, desde siempre se refugiaban en una computadora o  celular para navegar en redes sociales y mantenerse actualizado. 

 

Esta transformación digital de la educación ha formado en esta generación varias opiniones que traducidos en sentimientos y emociones van desde el agrado hasta el rechazo del mismo.

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"En el contacto con los adolescentes como consejera estudiantil, he evidenciado que la adaptación hacia las distintas plataformas, necesarias en su aprendizaje, no fue tarea sencilla."


Habituarse a las clases virtuales costó mucho, desde  mantener su atención durante las clases, recibir y responder adecuadamente correos, hasta enfrentarse a una cámara encendida generando así, debates en varios grupos que no consideraban esta estrategia necesaria para recibir clases y aprender. A pesar del cambio drástico y normativas digitales impuestas en un principio de este proceso, ahora, los vemos triunfar en creatividad, originalidad y conciencia personal.   

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Por otro lado y en consecuencia a la naturaleza de cada ser humano, una de las áreas que se vio muy afectada y que los adolescentes extrañan es el contacto social con sus compañeros y  docentes.


"Les resulta más complicado poder interactuar para gestionar cambios y consultas ante las dudas vía virtual a pesar de haberlas usado desde su infancia."


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Ellos consideran que esta nueva normalidad que los llevó a compartir sus hogares como salones de clases, marcan una lección de vida y aprendizaje. Sienten que han aprendido a valorar las cosas y usar las herramientas de manera correcta.

 

En estos tiempos nos hemos dado cuenta que de esta generación hemos aprendido mucho y ellos de nosotros. Son una potencia en el manejo de tecnología, sí, pero esta transformación a la educación virtual no sólo depende de que tan bueno seas en ese ámbito, sino también de las cualidades y valores que nos identifican como seres humanos.

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