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El primer trimestre de este año nos sumergió en una realidad para la cual no estábamos preparados: el coronavirus y el consecuente aislamiento. 

El inicio de la cuarentena marcó un escenario nuevo para todos y a las preocupaciones de cada día, se sumaron las propias del inicio de un nuevo año lectivo, con una modalidad a la cual la gran mayoría de padres y docentes éramos nóveles.

 

Los padres de familia y estudiantes en general, se vieron abocados a encarar este reto, en muchos casos, sin las herramientas necesarias, tornando el proceso estresante y agotador para algunos. 

 

Si bien es cierto, para una parte de la población estudiantil, este nuevo entorno les proporcionó el momento adecuado para volverse autónomos y gestionar sus propios saberes, para una gran mayoría la adaptación al mismo, les resultó altamente agobiante.

después del párrafo 4

 

Como madre y docente, he podido observar las dos caras de la moneda, sin embargo, es en el curso de mi profesión donde he podido palpar con más frecuencia, muchos contextos en los cuales esta nueva propuesta académica se ha convertido en una carga más que llevar en ese “viaje” llamado adolescencia.

 

Por lo tanto, como padres, no podemos ser simples espectadores de este proceso, sino más bien, proporcionar el entorno adecuado a nuestros chicos, para que puedan desplazarse de la mejor forma en este nuevo entorno, aunado a nuestro inherente trabajo parental.

 

Como docente, comparto ciertas recomendaciones para los padres, que podrían ser bastante útiles en esta etapa:

 

Los chicos deben manejar una agenda, de ser posible, con recordatorios digitales, que los mantengan actualizados con sus reuniones y fechas de entrega. 

punto 1

La hora de dormir debe mantenerse inamovible, con excepciones por feriados y fin de semana. En ocasiones, se suele observar caritas soñolientas y no hay peor enemigo para el aprendizaje significativo, que el sueño y el cansancio.

punto 2 y 3

Los chicos no deben tener distractores al momento del descanso, como madre de dos adolescentes que ahora ya son jóvenes adultas, una de las sugerencias que mejor me funcionó fue recoger celulares y dispositivos a una hora prudencial y en ocasiones, incluso apagar el WiFi. 

Revisar constante y consistentemente portafolios y aulas virtuales, aprender a manejar las diferentes plataformas y aplicaciones para ello, con esto logramos dos cosas: interesarnos en sus actividades y al tiempo, supervisar lo aprendido.

punto 4

Organizar un momento del día y si el tiempo nos apremia, al menos dos o tres veces por semana, en el cual podamos dialogar con nuestros hijos, preguntar sobre sus inquietudes, problemas, dudas. Es verdad; a veces los hijos no quieren hablar con sus padres, pero generar ese momento de confianza, al final da resultados. Recordemos que perseverar nos hace alcanzar.

punto 5

 

Finalmente, creo que la educación virtual, abrió un amplio abanico de oportunidades para el desarrollo integral de nuestros hijos, tomemos esto como una ventaja, para estar siempre un paso adelante, pendientes de su progreso, pero por sobre todo de su salud emocional. 

 

Carla Chiriboga Hanna

Docente

Educación Básica Superior y bachillerato